Haremos regalos, los abriremos y los guardaremos. Iremos creando una zona de juego compuesta por 12 cartas. Puntuaremos en base al valor del regalo y al tipo, así como al color de la cinta que envuelve a cada uno.
La partida tiene una duración de 12 rondas. Cada una se inicia con una fase de robo. El encargado de dar los regalos mira la primera carta del mazo y la entrega, bocabajo, a un rival. Repite el proceso con todos los jugadores, incluido él mismo.
A continuación, podemos iniciar o no un desafío, dando paso a la segunda fase. Si no hay desafíos, se salta a la siguiente. Un desafío consiste en intentar averiguar qué carta se ha quedado el que ha regalado en la fase anterior. Diremos un tipo de regalo y un color para el lazo.
Si acertamos en al menos un criterio, intercambiamos nuestra carta por la suya. Pasaríamos a la siguiente fase. Es posible que acertemos el tipo de regalo y el lazo. Esto nos permite, además, robar una carta del mazo y conservarla bocabajo. Serán dos puntos para el recuento final. En caso de no coincidir, el siguiente podría desafiar. La memoria entra en juego para intentar acertar.
Ya durante la fase de organización, colocamos la carta en nuestra zona. Debe estar adyacente a una ya situada previamente y no salirse del espacio limitado a las filas (tres) y columnas (cuatro). Tras completarse la última ronda, contaremos los puntos.