Se trata de un juego que pondrá a prueba vuestra capacidad de respuesta ante estímulos visuales cambiantes y deberéis combinar rapidez mental, observación y agilidad verbal para ganar.¿Cuál es el objetivo de Dodelido? Pues quedarse sin cartas, ni más ni menos. Para hacerlo, habrá que jugar una carta en cada turno y anunciar una característica en voz alta (como un color o el nombre de uno de los animales del juego). Se trata de un desafío ideal para grupos de amigos o familias que buscan una experiencia donde las risas, las confusiones y los errores estratégicos están garantizados desde el primer minuto de juego.
La preparación comienza barajando todas las cartas que componen el mazo total y repartiéndolas a partes iguales entre todos los jugadores. Cada jugador mantiene su pila de cartas bocabajo y el jugador más joven empieza. Entre las cartas se esconden, en varios colores, veinte flamencos, veinte tortugas, veinte camellos, veinte cebras, veinte pingüinos y cinco temidos cocodrilos que alterarán el ritmo de la partida.
Durante su turno, cada jugador debe colocar la carta superior de su mazo personal en una de las tres pilas de descarte. Inmediatamente después de dejar la carta sobre el montón correspondiente, el jugador debe anunciar con claridad la característica que aparece con más frecuencia entre las cartas superiores de las tres pilas de descarte. Si hay una coincidencia de animal o de color que forme una mayoría sobre las demás, se debe nombrar dicho elemento, como ¡flamenco! o ¡azul!. Esta acción debe realizarse lo más rápido posible y sin vacilar.
Pero esto no es todo. La partida se complica cuando se producen empates entre las diferentes características que están visibles en la mesa. Si hay coincidencia tanto de animal como de color pero ninguna de esas dos características es más frecuente que la otra, el jugador activo debe gritar rápidamente ¡Dodelido!. En el caso de que no exista ninguna coincidencia en absoluto entre las especies de animales o los colores presentes en las tres pilas, la palabra correcta a pronunciar es ¡nada!. Incluso al jugar la primera carta de una nueva ronda se aplica esta última regla, lo que obliga a todos los jugadores a estar atentos en todo momento.
¿Y qué pasa si te equivocas? Los errores se pagan muy caros en este juego, ya que cualquier palabra equivocada, balbuceo, tartamudeo o duda que dure más de tres segundos obliga al jugador a recoger todas las cartas acumuladas en la mesa y añadirlas a su mazo. También se considera un fallo el hecho de anunciar un ¡oh! de forma incorrecta cuando no hay ninguna tortuga presente en la mesa.
La partida termina en el momento en el que un jugador logra vaciar por completo su mazo, convirtiéndose así en el ganador. Es necesario concentrarse para lograr la victoria, pero entre carcajadas puede que cueste un poco. ¡Ahí está el reto!